Saber hablar de emociones no viene de serie: también se aprende, y en casa es donde mejor se practica. No hace falta esperar a un momento especial ni preparar un discurso. Bastan tres gestos sencillos que puedes repetir en el día a día con tu hijo, sea pequeño o ya no tanto.
Hablar de emociones también se aprende
En muchas familias lo que se siente no se cuenta: se aguanta, se tapa o se resuelve deprisa para pasar a otra cosa. Nadie lo hace con mala intención. Simplemente es lo que se vivió en casa y lo que se repite sin pensarlo.
La buena noticia es que hablar de emociones es una habilidad, no un rasgo de carácter. Se entrena con la práctica, igual que cualquier otra. Y el mejor sitio para practicarla es el más cotidiano: la cocina, el coche, la vuelta del cole, la hora de la cena.
Ponle nombre a lo que siente
El primer gesto es dar palabras a lo que está pasando. Una frase tan sencilla como «parece que estás enfadado» le ayuda a reconocer lo que siente y le demuestra que lo estás viendo. No necesitas acertar a la primera: si te corrige, ya está hablando contigo.
Ponerle nombre no significa darle la razón en todo ni aprobar cualquier reacción. Significa reconocer que la emoción está ahí. A partir de ese reconocimiento, hablar de emociones deja de ser algo raro y se vuelve parte de la conversación normal de la casa.
Escucha antes de dar soluciones
El segundo gesto cuesta más de lo que parece. Cuando ves a tu hijo mal, lo natural es querer arreglarlo cuanto antes: dar un consejo, quitarle importancia o proponer un plan. Pero si la solución llega antes que la escucha, el mensaje que recibe es que lo que siente molesta y hay que despacharlo rápido.
Escuchar primero le da espacio para terminar de contar lo que le pasa. Muchas veces, al hablar de emociones con calma, es el propio niño quien acaba encontrando la salida. Y si no la encuentra, tu propuesta llegará en mejor momento.
Cuéntale tú también cómo te sientes
El tercer gesto va en la otra dirección. Tu hijo aprende más de lo que ve que de lo que oye, así que la forma más directa de enseñarle a hablar de emociones es hacerlo tú delante de él. Decir que hoy estás cansado, que algo te ha preocupado o que te ha alegrado una noticia es una lección que no necesita explicación.
Al hablar de emociones no se trata de cargarle con tus problemas, sino de mostrar con naturalidad que los adultos también sienten cosas y que contarlas está bien. Ese ejemplo diario pesa más que cualquier charla.
Psicología infantil y familiar en Semedi Salud
A veces el día a día no deja hueco, o las palabras no salen por mucho que lo intentes. Es normal. Si te cuesta encontrar el momento o la manera de hablar de emociones con tu hijo, te ayudamos desde nuestro servicio de psicología infantil y familiar.
Estamos en la 1.ª planta de El Corte Inglés de Málaga y puedes pedir cita en el 952 395 363. Si además os preocupa cómo está viviendo el curso, te puede servir nuestra guía sobre la adaptación al cole.
Preguntas frecuentes
¿Qué hago si mi hijo no quiere contarme nada?
No hace falta forzar la conversación. Seguir nombrando lo que ves y contando cómo te sientes tú deja la puerta abierta para cuando él quiera entrar.
¿Y si a mí tampoco me sale ponerle nombre a lo que siento?
Es más habitual de lo que parece. Trabajar primero tu propia forma de hablar de emociones también forma parte de la psicología familiar, y se nota después en casa.
¿Hace falta que pase algo grave para pedir cita?
No. Querer acompañar mejor a tu hijo ya es un buen motivo para consultar, sin esperar a que el problema crezca.





